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Nexo, el secreto del a-mor

Una novela de aventuras y misterio con la intriga y la acción de El Código da Vinci.

Anna Lefeville, la joven nueva Jefa de Restauración del MNAC, encuentra una misteriosa carta en extrañas circunstancias escrita por Jacint Verdaguer.Por otro lado, David Gavany, un famoso periodista, recibe una llamada anónima en mitad de la noche. Ha sido elegido para desvelar una información. Descubrirá que las pistas le conducen a la obra de Antoni Gaudí… Que dejó un mensaje a la vista de todos, para ser descifrado cuando llegase el momento.
Animado por la curiosidad, emprenderá una aventura que le cambiará por completo.Sin embargo esta búsqueda no estará exenta de peligros y sacrificios. Y le acabará enfrentando a un misterio mucho más trascendente y profundo de lo que se podía imaginar.Un conocimiento con la capacidad de cambiar el mundo.
Recorre los rincones más secretos de Barcelona, el Ampurdán, y el sur de Francia, recuperando un conocimiento que hunde sus raíces en la la noche de los tiempos.
Sociedades secretas, romances, intriga, acción, suspense, y sobretodo mucho misterio.

Una mezcla trepidante de aventuras, arte y enigmas cifrados que no te dejará indiferente.

«Aventuras, misterio e intriga se fusionan perfectamente en un thriller muy adictivo»@descubriendohistorias

«Una historia completamente redonda» @elrincondesonica

«No puedo dejar de leerlo»@_maria.escritorabuscadora_

Nunca había leído algo igual.
«NEXO El secreto del a-mor» es historia, filosofía, astrología, astronomía, física, ciencia, creación, mitos, arte, profecías, sueños, unión de conceptos, a-mor…
El hilo conductor es una trepidante aventura cargada de muchísimo misterio. Con éste libro reflexionarás y aprenderás el porqué de muchas de las incógnitas del Universo, al mismo tiempo que te verás envuelto en una huida y persecución en busca y captura de algo muy poderoso.
Es impresionante el gran trabajo de investigación detrás de la novela.

Y tú..¿te atreves a vivir ésta experiencia y recabar las pistas, para dar sentido al enigma?»
@leerconelga

¿Te atreves a descubrir qué es el Nexo?

LA CARTA

Barcelona, 8 de octubre 2020
Anna Lefeville se encontraba trabajando afanosamente en su despacho. Eran las dos de la madrugada y, pese a que sus compañeros le habían recomendado que se fuese a casa a descansar, ella quería acabar de pulir todos los detalles.
Era la nueva jefa del Departamento de Restauración del MNAC en Barcelona. Su antecesora se había jubilado a penas dos meses atrás, y ella se había postulado para el puesto vacante. Ante las críticas de muchos de sus compañeros más experimentados, el Departamento había decidido dar un voto de confianza, apostando por la joven y prometedora historiadora.
Se encontraba ultimando la presentación de la restauración de la pintura Hércules buscando las Hespérides, de Aleix Clapés.
La obra llevaba años almacenada en bastante mal estado en los sótanos del MNAC. Después de un laborioso
pero excepcional proceso de restauración, habían conseguido que recuperase su aspecto original.
El inmenso cuadro, que originalmente estaba emplazado en la fachada exterior del Palau Güell, había sido retirado por motivos desconocidos. Desde entonces estaba guardado en el almacén del museo.
Al día siguiente, se iba a colgar en uno de los salones principales de la mansión.
Debido al arduo trabajo de aquellos últimos días, había trasladado su despacho a una sala que le habían cedido en la primera planta de la mansión.
La historiadora se encontraba encantada con la nueva ubicación, y estaba nerviosa por ultimar todos los detalles para la rueda de prensa.
Le había costado mucho esfuerzo convencer a todas las partes; a la Diputación de Barcelona, al Departamento de Cultura de la Generalitat y, por último, a la familia Güell, de la necesidad de exponer de nuevo aquella gran obra en su lugar de origen.
Pero después de meses de intenso trabajo, había conseguido «resucitar» aquella pintura.
La antigua habitación donde trabajaba estaba perfectamente ordenada, alumbrada por una suave luz amarillenta y olía al perfume de su característica colonia J’adore, de Dior .
Se encontraba escribiendo las últimas líneas de su discurso, cuando escuchó un fuerte golpe y dejó de teclear.
«¿Qué ha sido eso?» — Se preguntó extrañada.
Le pareció que el sonido provenía de la segunda planta. «Debe haber sido el guardia de seguridad».
A esas horas, solo estaban ella y el empleado en el
edificio.
«¿Qué habrá pasado?».
Se levantó de la silla. Estaba ligeramente mareada, apenas había comido nada. Llevaba todo el día atendiendo llamadas y frente al ordenador.
«¡No voy a acabar nunca!».
Salió del despacho y subió a oscuras las escaleras hacia el lugar donde había escuchado el golpe.
Anna había sido una luchadora toda su vida. Era consciente de que el vivir tan intensamente su profesión, la había privado de tener una juventud “normal”. Sin embargo, a sus 34 años había conseguido una brillante carrera profesional.
Desde pequeña sus padres le inculcaron la importancia de la disciplina y el trabajo duro.
Todas las tardes a partir de los 8 años, iba al conservatorio y tomaba interminables clases de violín. Allí había aprendido el valor de la constancia y el esfuerzo. Solo eso podía llevarla a la vida que anhelaba. Y, en efecto, últimamente se encontraba viviendo un sueño hecho realidad.
Su pasión por la historia empezó ya desde pequeña. Más adelante, en la adolescencia, decidió terminar su incierta carrera musical, dedicándose íntegramente a los estudios académicos. Nada le fue fácil y tuvo que hacer muchos sacrificios. Dejó atrás todo su mundo conocido; amigos, familiares, a sus padres, para irse a estudiar sola a Barcelona. Pasó de vivir en un bonito pueblo rural en Francia, a estar en una gran urbe en un país desconocido.
Pero ella era fuerte, decidida, y una vez daba un paso, jamás miraba atrás.

•••

Nada hubiese sido posible, de no haber conocido a Andrés Wanderlust, un polifacético profesor de la Universidad de Barcelona que le había enseñado a enamorarse aún más de la Historia.
Era un hombre profundamente sabio y carismático. Desde que lo conoció, supo que de alguna manera sus destinos estarían entrelazados, convirtiéndose en la primera alumna de la clase.
El profesor vio en ella a una chica con un inmenso potencial y una madurez insólita para alguien de su edad.
Decidió, en cierta manera, adoptarla, cuidarla, pero sobre todo impulsarla a crecer.
Dicen que el ángel de la guarda es el reflejo de lo que desde siempre estábamos destinados a ser. Nuestra mejor versión. Y eso es lo que la influencia del profesor le hizo encontrar .
No obstante, le había costado horrores ganarse su confianza, y éste la había puesto a prueba en innumerables ocasiones.
Pero ella siempre las superaba. No se dejaba seducir por los placeres fáciles y eso la convertía en una rara avis.
En cierta manera, tenía claro cuál era su destino, y no iba a permitir que nada ni nadie le impidiese llegar a cumplir su propósito.
La historiadora caminaba por un largo pasillo a oscuras, Había estado tantas veces allí que se conocía la mansión
Güell de memoria.
Parecía que el golpe provenía de la segunda planta, el
lugar donde al día siguiente se iba a colgar el cuadro.
A medida que se acercaba, contempló la antesala al
fondo iluminada.
Cuando por fin llegó, no pudo creer lo que veía.

 

La historiadora caminaba por un largo pasillo a oscuras, Había estado tantas veces allí que se conocía la mansión
Güell de memoria.
Parecía que el golpe provenía de la segunda planta, el
lugar donde al día siguiente se iba a colgar el cuadro.
A medida que se acercaba, contempló la antesala al
fondo iluminada.
Cuando por fin llegó, no pudo creer lo que veía.
El marco de madera original, donde al día siguiente iban a colocar la obra, estaba en el suelo. Tenía un gran golpe en una esquina y estaba completamente desencajado. El guardia de seguridad, un tipo de mediana edad, tez pálida, y fino bigote, estaba agachado justo al lado. Se levantó sorprendido al verla.
A Anna se le vino el mundo abajo.
—¡¿Pero qué demonios ha pasado?!
—Lo siento…, pasé junto a él y se me cayó — dijo el
vigilante nervioso.
No podía asimilar que le estuviese ocurriendo aquello.
La presentación era al día siguiente, y ya no tenía tiempo para arreglarlo.
—¡¿Tú eres consciente de lo que cuesta esto?!
—Lo siento, de verdad —respondió avergonzado.
Se llevó las manos a la cabeza, había fragmentos de
madera por todo el suelo.
Pensó rápidamente. La única solución posible era
colocar un marco provisional, y enviar a restaurar de nuevo el antiguo.
«Más trabajo, fantástico», pensó sarcásticamente. Respiró hondo y se tranquilizó.
—A ver, ayúdame a moverlo con cuidado y dejémoslo a
un lado —dijo agachándose.
El guardia cogió el maltrecho marco por una esquina,
y cuando lo alzó, un arrugado papel amarillento cayó al suelo. Anna se inclinó a recoger la hoja, y la miró de cerca.
Al parecer era bastante antigua y estaba escrita con una perfecta caligrafía.
«¿Qué será esto?».
La inspeccionó por encima, aunque no distinguía muy bien las letras.
«Mejor voy al despacho a por las gafas».
Se fijó en la parte inferior del documento, pudo reconocer indudablemente la firma.
J. Verdaguer
«¿Jacint Verdaguer?»
Parecía que era una carta escrita por el poeta catalán. Pero, ¿Qué hacía en el interior del marco?
Con el hallazgo, Anna se había olvidado completamente
del suceso anterior, sosteniendo el documento con curiosidad.
«Esto es increíble».
—Eh…disculpe, creo que debería dejar el manuscrito en custodia, por si es algo importante —dijo el vigilante.
—No se preocupe, soy la encargada del Departamento de Conservación del museo, lo pondré a buen recaudo. Intente recoger un poco ésto, mañana arreglaremos lo que falte. —replicó sin dejar de observar la carta.
El pálido guardia estaba de pie mirándola fijamente. Anna empezó a caminar hacia su despacho.
«¿Qué pondrá?».
Fuese lo que fuese, lo dejaría pospuesto para el día
siguiente.
«Ahora tengo que descansar».
Cruzó el largo pasillo, con columnas a ambos lados, en
la penumbra, mientras sus tacones hacían eco en todo el edificio.
De repente empezó a escuchar otros pasos. Eran los del guardia de seguridad, que venía detrás. Las botas militares resonaban con fuerza contra el suelo de mármol.
«Le dije que lo recogiese. ¿Qué estará haciendo ahora?».
Había algo en él que le generaba desconfianza.
Apresuró la marcha, era tarde y quería irse cuanto antes a casa.
De pronto, notó cómo los pasos del guardia también habían acelerado, y se estaban acercando.
«¡Qué extraño!».
El corazón de la historiadora empezó a latir con más fuerza. Sin mirar atrás, incrementó la marcha. El despacho estaba al final del pasillo.
Escuchó los pasos del guardia viniendo detrás. Cada vez eran más rápidos.
Víctima del miedo, Anna empezó a correr desesperadamente.
A pocos metros de la puerta, se giró y vio aterrorizada al hombre de bigote dirigiéndose a toda velocidad hacia ella.

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