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A la chita callando

Me he quedado perpleja. Sabía que el tema era serio pero la cifra de personas afectadas en España alcanza ya los dos millones y medio de trabajadores. Traigo al caso la cita del profesor Heinz Leymann, que más o menos viene a decir que el lugar de trabajo es el último campo de batalla en el cual una persona puede matar a otra sin ningún riesgo de ser procesado ante un tribunal. Los oficiosos le llaman “mobbing” (acoso laboral) pero me da regusto referirme a ello como acoso y derribo, me caes mal o no me convienes y te hago la puñeta hasta  que revientes, te suicides o te largues sin que me cueste un duro.

Mucho pregonan los políticos, grupos sindicales y asociaciones varias sobre la salud laboral, la prevención de riesgos, y no se cortan un pelo en dictar Decretos, Reales Decretos, Ordenes Ministeriales, vamos, una maraña legislativa que bendito el sabio que la entienda, pero sobre el tema en cuestión, no se moja ni dios.

En las empresas uno piensa que la pagan por trabajar, en el sentido más literal de la palabra, no por tragar sapos y culebras. Me han contado de un Director de Recursos Humanos al que por su “humanizada” gestión de personal le apodan el “Inhumano”. En dos años que lleva este mediocre impresentable haciendo de las suyas, un porcentaje altísimo de la plantilla ha sufrido bajas por ansiedad y depresión, los que tienen la edad se largan acogiéndose a prejubilaciones mal pagadas, las peticiones de excedencia y reducciones de jornada se multiplican, y algún infeliz tras un intento de suicidio ha sido despedido por “falta de rendimiento”. Lo que os cuento. Espantada general. Sálvese quien pueda.

Se me ocurre pensar que debieran esas fuerzas políticas y sociales que tanto gustan de salir en los medios, hacerse la foto y firmar convenios, se dejaran de tanta norma inútil y cogieran el toro por los cuernos, vamos que miren dentro de su casa, pues el 90% de los casos se dan en el seno de las Administraciones y la Empresas Públicas. Y aunque me repita, el problema es serio, hablamos de salud y supervivencia, y no me vengan con sandeces sobre el estrés, el síndrome del quemado o las necesidades de adaptarse a los nuevos tiempos. A cada cosa por su nombre, los derechos de los trabajadores que tanto ha costado afianzar, se han convertido en lanzas para el empleador a la hora de despedir, así que es mejor optar por la vía del ahora te agobio con trabajos de imposible cumplimiento en el plazo señalado, ahora te dejo mano sobre mano una temporadita, de repente ya no te enteras de las reuniones, eventos o comidas con compañeros, te miramos mucho pero no te hablamos, en una de éstas te suprimo el móvil, el despacho o el ordenador por necesidades empresariales y además pensaremos que el pobre esta mal de la cabeza, que anda deprimido y ya no rinde. La consecuencia se convierte en causa. Y ya sabes, o aguantas porque tienes familia, hipoteca….y un día te llevan a urgencias con un infarto o porque has intentado tirarte por la ventana, o te largas sin indemnización, ni desempleo, y entonces como sigues teniendo familia, hipoteca y demás obligaciones,  también te da el infarto o te tiras por un puente.

En fin,  que se me calienta la boca con el asunto y el carácter se me vuelve agrio. A ver si cuando ya sean cinco los millones de españoles que trabajan muriendo se toman medidas efectivas, aunque creo que para entonces la capa de ozono ya no exista, los polos se hayan derretido y el objeto de mi enojo, sea el menor de nuestros problemas.

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