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Velázquez

La pintura española en el arranque del siglo XVII sigue las
pautas marcadas por el naturalismo y la luminosidad de Caravaggio pero comienza
a recuperar una originalidad propia no tan lejana, perdida en el siglo anterior
debido al manierismo italiano. Francisco de Pacheco, suegro de Velázquez,
censor de la Inquisición representando a los pintores, se puede considerar
como uno de los continuadores de las antiguas fórmulas idealistas.

El Greco, el gran Domenico Theococopulus, con su pincelada
convulsa y su particular sentido del color, resultó un fenómeno no sólo aislado
sino también completamente desconcertante.

Con “tenebrismo” se define en España una corriente pictórica
resultado del realismo y del barroco junto al uso de los tonos oscuros de la
paleta con claras intenciones dramáticas. Francisco Ribalta es considerado el
primer tenebrista español.

En Sevilla Juan de Roelas recoge la herencia del cromatismo
veneciano dando carácter a la Escuela Sevillana con su fusión de misticismo y
naturalismo. Encontramos también en esta escuela a Francisco Herrero “el
Viejo”, áspero naturalista, que pinta con fuertes acentos claro-oscuros. Quien
mejor representa este tenebrismo naturalista en Sevilla es Francisco Zurbarán
con su impresionante intensidad plástica fundiendo residuos manieristas con el
naturalismo barroco. Bartolomé Esteban Murillo también estará profundamente ligado al ambiente sevillano pintando sobre
todo para iglesias y conventos; sus grandes obras representan historias
bíblicas y escenas de la vida de los santos (su tema principal fue la Inmaculada) con
imágenes de refinada belleza que emanan un sutil sensualismo realizadas con una
gran riqueza cromática. En él encontramos la unión de las escenas costumbristas
con el espíritu religioso tan típico español.

Diego Rodríguez de Silva y Velázuez nació en el seno de una
familia perteneciente a la pequeña nobleza el 1 de Junio de 1599 encaminando
sus pasos al mundo del arte desde muy temprana edad (10 años) y gozando del
consentimiento familiar. Su primer y breve maestro será Herrera el Viejo
entrando en 1610 en la Escuela
de Pintura de Francisco de Pacheco con cuya hija, Juana, se casaría en 1618, un
año después de ingresar en la corporación sevillana de pintores tras aprobar
los exámenes. De ese 1618 es su primer cuadro firmado, La freidora.

Trabajará durante el primer periodo de su producción
sevillana en numerosos bodegones y en naturalezas muertas, dentro de ese
naturalismo español con fuerte sentido de la realidad, junto con una búsqueda
de los contrastes dramáticos influenciada por Caravaggio e interés por los
detalles realistas debido a los flamencos.

(cuadro de La adoración de los Reyes Magos
La vírgen es Juana Pacheco y el niño su primera hija,
Francisca… y el negro el que limpia )

Poseyendo ya su propio taller, en 1622 viaja a Madrid con la
intención de retratar a Felipe IV, algo que no consigue; sin embargo el viaje
no será en balde porque sí retrata a don Luis de Góngora y conoce la obra de El
Greco y de Tiziano. Al año siguiente vuelve de nuevo a Madrid reclamado por el
conde-duque de Olivares al que retrata, además de al rey y al príncipe de Gales
consiguiendo entrar al servicio del rey el real decreto el 6 de Octubre.

Poco a poco va apartándose del manierismo e introduciendo en
su paleta azules y grises plateados además de estudiar a Tiziano, Van Dick y a
Rubens, al que conoció en 1628)



(Retrato del Infante Carlos Los borrachos)

En 1628 gana el concurso organizado por el rey con “La
cacería de los moros” y, al año siguiente, obtiene permiso del monarca para
viajar a Italia (Milán, Venecia, Bolonia, Loreto y Roma) no quedando demasiado
impresionado pero sí obteniendo una dimensión europea; adaptó los temas
clásicos de inspiración italiana a su arraigado realismo español.


La fragua de Vulcano



La túnica de José

Adquiere también una gran madurez como se observa en Cristo
en la Cruz

Como pintor real se dedica a grandes retratos cortesanos,
especialmente de los miembros de la familia real, y d exaltación nacional como
“La rendición de Breda” –“Las lanzas”.

Pero en cuanto puede se aleja de lo cortesano plasmando su
carácter antibarroco y su afición a los tipos populares.



Bufón El primo


Bufón Sebastián de Morra

En Febrero de 1647 es nombrado responsable de la Sala Octogonal del
palacio la cual se pretende convertir en una Galería de los Uffizi (http://www.polomuseale.firenze.it/uffizi/).
Viaja de nuevo a Italia para adquirir obras de arte con dicho fin (tintorettos,
veroneses, tizianos, etc). y retrata al papa Inocencio X Pamphili.

El rey lo reclama una y otra vez hasta que consigue que
vuelva en 1951 siendo académico de San Lucas; al año siguiente es nombrado
mariscal de Palacio y maestro de ceremonias.

Su pintura se va volviendo cada vez más sintética quedando
los detalles subordinados a la visión de conjunto con unas pinceladas
acuchilladas (toques que usarán los impresionistas).

Venus ante el espejo

“Las Meninas” y “Las hilanderas” pertenecen a sus últimos
años; su dominio de la luz, del aire, de la perspectiva y del espacio es verdaderamente
extraordinario.

El 7 de Agosto de 1660 muere extenuado en Madrid, junto a
una obra que esta España aislada tardará en descubrir pero ya nunca olvidar.


Las Meninas


Las hilanderas

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