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El intruso

«La vida no consiste principalmente  -o siquiera en su mayor parte- en hechos y acontecimientos. Consiste principalmente en el huracán de pensamientos que sopla constantemente en la cabeza de uno.»

Mark Twain.

 

¡Hoy es el gran día! Me he pertrechado de todo lo necesario para acabar con él. No sabe que soy un corredor de fondo, él es un insecto ignorante como casi todos los insectos menos el de Kafka. La paciencia tiene un límite y la sangre de mi cuerpo también, así que he comprado un litro y medio de insecticida que mata desde insectos menores a mayores, además tengo un matamoscas clásico que permite una muerte individualizada, tal vez sirva para rematarlo. He eliminado la sombra de duda que me atenazaba respecto a la capa de ozono, que el hermano ozono se vaya a?, perdón caro lector pero si me viese comprendería estas miserables palabras. A veces cuando me miro al espejo apenas si me devuelve la imagen y demacrada, algo vampiresca por la falta de líquido rojo.

¡Por fin! van a quedar atrás aquellas noches de insomnio tratando de engañarlo cubriéndome la cara con la sábana y casi asfixiándome. Pero él esperaba tranquilo desde lo alto de una caja de cartón y cuando el sueño volvía a vencerme se lanzaba inmisericorde y horadaba mi piel.

¡Podré al fin! ser un ciudadano normal, llegaré puntualmente al trabajo y la secretaria no me pondrá un gesto duro mientras yo veo difuminadas sus curvas (¿o eran rectas?)? vuelvo a pedir perdón amadísimo lector, por el mal chiste pero es la flojera por la falta de líquido? ¡Al fin podré ser un ciudadano que paga sus impuestos con regularidad y que va alegre a la rutina diaria! Estoy convencido de que ahora él está observándome ?lo sé- esto es incuestionable, llevamos observándonos un mes, sabemos nuestros movimientos, se suele colocar encima del frigorífico mientras ceno, tal vez haya algún programa de TV que le irrite mucho porque hay noches especialmente dolorosas, ¡en fin! mis miserias están a punto de acabar.

Quedará totalmente sepultada la noche que me levanté y encima del colchón empecé a dar manotazos al aire, estaba al borde de la histeria y en uno de los golpes lo rocé , creo que en un ala, esto me entusiasmó y le lancé un derechazo de tal magnitud que me desequilibré y me di de bruces contra la mesita de noche.

¡Menos mal que había quitado el cristal! hubiera sido una muerte en desigual combate pero nadie lo habría sabido.

Puedo oír ahora como si fuera aquel día como frotaba sus alas de satisfacción desde la mesa donde colocaba la ropa para planchar. Un día casi lo consigo. Había fabricado una corriente de aire entre la ventana y la cortina, ¡cómo me reía para mis adentros! Y también para fuera, una sonrisa tan pronunciada que se me podría haber seccionado la cabeza, ¡yo era más listo! Si conseguía no moverme y el sueño acompañaba podría pasar la noche en paz. ¡Vagas ilusiones! El hombre siempre proponiendo y él disponiendo. A los 15 minutos aproximadamente había encontrado una grieta y yo volví a los manotazos, en mi desesperación arranqué la cortina de cuajo y el mástil me cayó en el tórax. La batalla tenía lugar a las 3 A .M. la luna brillaba y una radio encendida de algún vecino hablaba sola.

Podía escuchar su risa desde la caja de cartón, el cansancio me venció y volví a ser un zombi en el trabajo.

Los compañeros de trabajo hacían un aparte para hablar de mí, seguro que hablaban de mis aspecto desaliñado, se hacían corrillos y decían sabéis lo de? a veces sólo de pensarlo me pongo colorado. Los corrillos ya no sólo difamaban mi buen nombre o ponían en marcha cualquier inocente equivocación para hundirme sino que hablaban del caso de? Pero todo esto es ya agua pasada, con este arsenal no podrá.

Lo esperaré hasta bien entrada la media noche, fumigaré la habitación y sacaré el saco de dormir a la terraza. ¡Mañana seré un hombre nuevo!

Sevilla Noviembre de 1998

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