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El Albayzín

<p>Y el embrujo cay&oacute;, y permaneci&oacute; para siempre, en sus calles tortuosas y laber&iacute;nticas, en sus vistas descomunales, en su vida alejada de cualquier realidad. Y el embrujo cay&oacute; y mancill&oacute; a todos los que poseen la verdad absoluta, a todos los que creen s&oacute;lo lo que pueden ver pues llegaron a un lugar d&oacute;nde no encontraron la verdad, donde encontraron ensue&ntilde;o, donde no hab&iacute;a m&aacute;s que magia, donde el duende sigue vivo, donde la ficci&oacute;n supera a la realidad como nunca nadie podr&aacute;describir, como nunca nadie podr&aacute; so&ntilde;ar. </p>
<p>Sus calles poseen el halo de otro tiempo, sus piedras besan nuestros pasos, o quiz&aacute; sea al rev&eacute;s, mientras caminamos sin sentidos, saturados por lo magn&iacute;fico, por lo maravilloso, por lo que escapa a la raz&oacute;n, por lo que est&aacute; incluso por encima del Arte. </p>
<p>S&oacute;lo puede considerarse un insulto escribir o hablar del Albayz&iacute;n, s&oacute;lo puede ser una bajeza intentar describir lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n, de las palabras, de las im&aacute;genes. Porque el Albayz&iacute;n lo es todo, el Albayz&iacute;n es la grandeza del tiempo, de un tiempo detenido, esperando, agazapado, viendo c&oacute;mo la vida transcurre con sus sombras y sus luces, con sus atardeceres, con sus noches de bohemia, con sus amaneceres melonc&oacute;licos. </p>
<p><img src=”img/hemeroteca/200605/albaycin.jpg” width=”244″ height=”161″ hspace=”10″ vspace=”10″ align=”left”>Un turista pasa sin escuchar una guitarra flamenca llorar, un guitarrista arranca lamentos mientras una estrella se posa en un barrio, una estrella viaja mientras la tierra da su amor al Albayz&iacute;n. </p>
<p>Sus calles no son tales, son torturas al que desconoce lo on&iacute;rico, al que desconoce el placer, al que no sabe ser guiado por un coraz&oacute;n poderoso, ciego de amor, mudo de &eacute;xtasis. Con nuestro callejero en la mano s&oacute;lo podemos perdernos en el abismo, con nuestras entra&ntilde;as palpitantes descubriremos el m&aacute;s all&aacute;, la vida que hay detr&aacute;s del bullicio, de la cotidianidad, del hast&iacute;o, cerca del embrujo, del &eacute;xtasis. </p>
<p>Un piedra tras otra gu&iacute;an nuestra alma por un mundo de Belleza que abarca cualquier rinc&oacute;n, incluso el m&aacute;s abandonado, los lugares en los que Dios no puso su mano sino el mism&iacute;simo Satan&aacute;s, el &Aacute;ngel Ca&iacute;do que fue a parar a un lugar d&oacute;nde su belleza fuese contrarrestada y diese a luz un mundo distinto, mezcla de placer, de belleza y de lujuria. Porque el Albayz&iacute;n es todo eso. </p>
<p>Confes&eacute;monos, en el Albayz&iacute;n hemos so&ntilde;ado mundos, nuestro mundo, el mundo musulm&aacute;n, el de la org&iacute;a y desenfreno, el de la cultura y la belleza, el de la lucha, de la rebeli&oacute;n, de la muerte, de lo sublime,… En el Albayz&iacute;n hemos so&ntilde;ado que estamos vivos, que otros est&aacute;n vivos. </p>
<p>Quiz&aacute; otro d&iacute;a sea el momento de contar la historia de este barrio, el m&aacute;s t&iacute;pico de Granada, quiz&aacute; otro d&iacute;a sea el momento de hablar de conjuras, de hogueras, de muertos, de reyes, pero eso puede que sea otro d&iacute;a; esta vez es el momento de contar la vida, de compartir lo que pocos han compartido, de hacer un pacto con el diablo que con el tiempo ha caducado, que con el paso de los a&ntilde;os se ha ido desvaneciendo pero que siempre estar&aacute; presente, en lo m&aacute;s hondo de mis entra&ntilde;as, en lo m&aacute;s profundo de mi existencia. </p>
<p>Porque no fue sino en el Albayz&iacute;n donde empez&oacute; mi vida, no la biol&oacute;gica sino la &uacute;nica que da sentido, la que te hace sentir que est&aacute;s y eres a pesar de que tu cerebro se regodea en devolverte im&aacute;genes que parecen irreales y tu coraz&oacute;n siente que todo es falso, que no est&aacute;s all&iacute;, pero tu alma te empuja al abismo y te dice que s&iacute;, que todo es cierto, que todo es bello y magn&iacute;fico. Sin embargo no todo tiene una cara amable porque no todo dura para siempre, y luego la vida pierde sentido, y luego uno pierde la sensibilidad de sus sentidos, y luego uno pierde volver a vivir el Albayz&iacute;n con el ansia y la inocencia de anta&ntilde;o, y s&oacute;lo quedan recuerdos que destrozan un d&iacute;a a d&iacute;a, que destruyen lo cotidiano tras haber vivido lo sobrenatural, tras haberse uno sentido tan vivo que ya s&oacute;lo queda morir poco a poco, calle tras calle, piedra tras piedra, rastreando lo sublime. </p>

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