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Mitología Aplicada

La luz del nuevo día iluminaba el rostro de Sharon, dándole un tono tenuemente pálido a su tez, mientras subía por la escala hasta alcanzar la compuerta de entrada al Geosub. Intentaba recordar su rostro risueño antes del último fin de semana, en el que rompimos la relación tras un año de encuentros y desencuentros, desde que se nos comunicó nuestra participación en el proyecto.

Un Físico brillante, especializado en mecánica cuántica y las nuevas teorías de Ztneius sobre la constitución última de la materia, junto a una importante y famosa Geóloga, especializada en estudios sísmicos y la estructura del núcleo terrestre, no parecían tener nada en común, salvo este dichoso proyecto secreto. Al menos eso nos pareció al principio de todo, antes de comenzar a navegar por el proceloso mar de las relaciones humanas.

Tras dos cenas de trabajo, a altas horas de la madrugada, y varios bocadillos de fiambres (más un par de cocacolas), conseguí que las conversaciones durante nuestros encuentros derivaran hacia temas más personales.

Ambos teníamos en común nuestra mutua obsesión por la investigación, cada uno en su campo particular, además de nuestra ausencia casi total de presencia humana en nuestras vidas. Apenas nos relacionábamos con otras personas salvo si contábamos a aquellas con las que compartíamos nuestro trabajo, y sólo en horario laboral; eso sí, más de diez o doce horas al día. El hecho de no encontrar a nadie lo suficientemente interesante durante el trabajo reducía nuestras perspectivas amatorias a una nulidad casi extrema. Hasta que ambos coincidimos.

En un principio la relación se inició con un fin determinado: investigar la posible construcción y puesta en funcionamiento de un aparato mecánico que pudiese navegar entre las rocas de la corteza y la fluidez del magma, transportando en su interior a especialistas científicos, hasta atravesar el manto terrestre y llegar al núcleo. Se pretendía conocer así los mecanismos de producción de los terremotos, para conseguir predecir los mismos con una mayor precisión. O al menos eso pensábamos, ya que el fin último era otro muy distinto, si bien no lo intuimos en los instantes iniciales. Además, pronto nuestros encuentros meramente académicos dieron paso a situaciones más comprometidas, sensual y sexualmente hablando, hasta conseguir temperaturas que derretirían la roca más sólida, con lo que olvidamos rápidamente las posibles secuelas que depararía la resolución de los problemas planteados para la consecución del proyecto.

Fue una transición gradual, hasta la noche en la que decidimos comprobar la solidez de mis teorías sobre la interacción del campo geomagnético de la Tierra con una estructura sólida y metálica sometida a un bombardeo de partículas Theta, con el fin de experimentar el posible desvanecimiento de dicho cuerpo para pasar a un estado virtual alterado que le permitiera atravesar un objeto sólido o fluido, tal y como podíamos encontrar el interior de nuestro planeta, como si estuviese navegando en medio de las aguas de un océano de magma o rocas. La emoción del experimento, íntimamente asumida por los dos, fue la chispa que necesitábamos para llegar a una situación límite tras la que compartimos algo más que latas frías de refresco, aunque sin duda las necesitáramos luego para apagar nuestro calor interior.

El éxito de ambos experimentos, llevado a su fin último, nos dio motivos para aumentar el número de horas que compartíamos antes, durante y después del trabajo. Sin embargo, las pocas semanas que se sucedieron tras las primeras pruebas sobre el terreno transcurrieron menos tórridamente que las anteriores, al disminuir la relación laboral entre nosotros. Ello fue síntoma de que encontrábamos la cura a nuestra enfermedad, pues al poco tiempo disminuyeron también nuestras citas, llegando a una rutina y un hastío preludios de la ruptura, previa al inicio de la prueba final de nuestro experimento.

Una semana antes de la misma, cuando el Geosub ya estaba preparado, consideramos la necesidad de dejar de vernos, al menos sentimentalmente hablando, pues debíamos de partir con la expedición organizada para explorar el interior del Globo Terráqueo, por vez primera en la historia de la Humanidad, desde una máquina que pudiera atravesarlo en su totalidad cual submarino surcando las profundas aguas del mar azul.

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