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Pasó en mi barrio

Cuando Giuseppe Tornatore dirigió Cinema Paradiso, sabía que estaba tocando una de las cuerdas más importantes de los sentimientos, la de la sensibilidad.
Es por eso que, sin golpes efectistas, la película conmueve y emociona, provocando en los espectadores un caso de empatía extraordinario, como solo un realizador con su capacidad e identificado plenamente con el neorrealismo, puede lograr, y uno se transporta, imágenes mediante, al cine que nos vio crecer, el del barrio.

La misma sala en la que, sin darnos cuenta, inaugurábamos un aprendizaje cultural invalorable, inclusive aquellos pibes cuyo entorno social no era el más propio para adquirir conocimientos de cultura general, fuimos descubriendo, entre juegos, travesuras e ilusiones, historia, mitología, sexo, política, religión, grandes escritores, parajes lejanos, culturas ancestrales, maravillas geográficas, etc.

Es que, alegremente, entre episodios de El Zorro, los cortos de Chaplin, El Gordo y El Flaco y Búster Keaton, gracias a un director italiano, bien argentino, llamado Mario Sófficci conocimos los problemas del pueblo, el grito social, en una temática bien nuestra (Viento Norte, Prisioneros de la Tierra, Km. 111) y mientras esperábamos el próximo episodio de Flash Gordon, reconocíamos el barrio, la ternura y el amor juvenil con las inolvidables películas de Leopoldo Torres Ríos (Pelota de Trapo, Edad Difícil, Aquello que Amamos).

Una Noche inolvidable fue la que, cuando creyendo que veríamos una película pornográfica, nos encontramos con realismo científico de “Cómo se Nace y como se muere”.

Aquella velada, en el Cine Italia de Escobar, podría titularse “Decepción y Venganza”, porque mientras los profilácticos caían desde los palcos, inflados como globos de cumpleaños y mi primo, “El Rulo”, orinaba a los de la platea, se encendieron las luces y se armo el gran escándalo.

En tanto, Clark Kent ocultaba su verdadera personalidad y los Yankees nos querían hacer creer que los malos eran los japoneses, gracias al cine conocíamos las luchas y las reivindicaciones obreras con películas como Zacco y Vanzetti , La Clase Obrera va al Paraíso
o Los Compañeros, Bergman se planteaba también, lo finito del hombre frente a Dios en El Séptimo Sello, donde el protagonista, al presenciar tanta muerte incomprensible, pregunta : ¿ Dios, tu que viste todo esto, Porque no lo evitaste…? .
Esa noche dejamos el Cine Gran Rex de Escobar con un interrogante religioso muy difícil de resolver.
Mientras Diego de la Vega se burlaba de un inocente como el sargento García y Popeye buscaba energías en la espinaca, Federico Fellini, Akira Kurosawa y Roberto Rossellini nos invitaban con sus imágenes a participar de un mundo pleno de objetivos artísticos elevados, llenos de talento, creatividad y cultura.

Cuando una noche en el bar “La Pérgola” de Escobar, Tito Campana discutía con el Polaco “Tonila” sobre el tamaño de las tetas de Jane Mansfield, tercio el flaco Virgilio, diciendo que el prefería las de Isabel Sarli, porque eran más grandes y además era Carne Argentina.

Las carcajadas se oyeron desde la otra esquina…

Y las polémicas iban desde la verdadera identidad de Clark Kent hasta la adaptación de la obra de Leopoldo Lugones “La Guerra Gaucha” a cargo de Ulises Petit de Murat y Homero Manzi, que Lucas Demare filmó en 1942.

De esta manera, entre risas y charlas informales, íbamos creciendo junto con el cine y descubriendo que en cada película había un mensaje subliminal, que existía un lenguaje cinematográfico y una gramática perfectamente desarrollada, donde cada fotograma equivale a una letra, cada toma es igual a una palabra y cada secuencia a una frase, y consecuentemente toda imagen es polisémica, ya que permite diversas interpretaciones.

Por eso, la noche que vimos (toda la barra) “A La Hora Señalada” (Fred Zinnemann –1951) nos quedamos discutiendo hasta el otro día.

Lito Herrera decía “… Gary Cooper es un cagón, el miedo se le notaba en la cara…” (Apreciación que refleja su gran interpretación de ese comisario abandonado a su suerte por toda la comunidad)

Para El Negrito Ibarra “…Los turros eran los santulones de la iglesia que no lo quisieron ayudar…” (Una de las varias interpretaciones que permite el film).

“¿Y el guacho del Juez que se las tomó…?” –Decía el Polaco Gilbert – (ahí aparece la critica a la justicia y al sistema)

“¿..Y vos qué harías en una situación así? – Preguntó Mate Cocido – ¿eh…qué harías…? (La interpretación psicológica)

El flaco Virgilio que amaba las de cow boys dijo – “Gary Cooper es un fenómeno, no vieron como los bajó a todos…”

Robertito Krausse, que era el intelectual de la barra, advirtió algo superior en esa obra y dijo:

“Muchachos esta es una de las mejores películas del mundo, hay que verla como diez veces, porque nos hace pensar y discutir…”

Y le hicimos caso, la fuimos a ver toda la semana.

Las cachetadas de Moe a Curly, sonaban en el mundo entero distrayendo espectadores, mientras en nuestro país, Leopoldo Torre Nilsson, luchaba contra la censura, pugnaba por la renovación del lenguaje cinematográfico y la intelectualizacion del publico, en favor de la libertad de expresión, su frase “… El Cine es hijo de la Libertad..” nos aproxima a la dimensión de este hombre, a quien empezamos a amar desde nuestro humilde cine de barrio; la misma pantalla que nos mostraba en technicolor, lo buena nadadora que era Esther Williams o en la que nos reconocíamos al ver la lucha de Vittorio de Sica por denunciar el desamparo y la soledad del hombre Común, en películas como Ladrón de Bicicletas, Umberto D o Lustrabotas.

A veces al pasar por la puerta del Cine Rex de Escobar ( hoy convertido en garaje ) o del Cine Italia, me vienen a la memoria ( como fotogramas al sol ) imágenes de ayer y, como en la canción de Serrat ( Los fantasmas del Roxy ) desfilan por mi mente, Bogart , Flash Gordon, Chaplin , Muiño , Sandrini ,Tarzan , Marilyn ,Mastroianni, Armando Bo , El Zorro ,Olga Zubarry, Alcón y muchísimas figuras más . Incluso me parece escuchar el griterío de aquellos pibes que fuimos, y me veo, muy chico, de la mano de mi padre, descubriendo la primera imagen cinematográfica de mi vida (Carlos Gardel cantando Melodía de Arrabal).

Por estos recuerdos desordenados, que son comunes a todos los que nos autodenominamos hijos del cine, ya que crecimos con el, parafraseando a aquel legendario titulo del cine argentino que dirigió Mario Sóffici, con Tita Merello y Mario Fortuna, podríamos decirle a Tornatore:

“ Che Giuseppe, Cinema Paradiso también “Pasó en mi Barrio …”

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