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Amor a primera vista

Los libros son como las personas, tienen su corazón, tienen su alma, tienen una historia detrás. Y ahora bien. ¿En qué te fijas para elegir un libro? ¿Qué tipo de lector eres?

Podrías ser el tipo de lector que sólo lee los libros que te recomiendan otras personas que ya los han leído, pero piensa entonces que eso dependerá de los gustos de otros y, además, te estarás perdiendo millones de posibilidades más, millones de historias ávidas de que alguien ponga sus ojos sobre ellas.
Podría darse el caso de que te fíes de esas reseñas, de ese comentario, de ese spoiler “a medias”, entonces no hay más que hablar. Si algo he aprendido en todo este tiempo, es a no dejarme influenciar por eso. No me malinterpretes, al contrario, siempre es de agradecer la sinceridad de un lector y, por supuesto no dudo de su buen criterio, pero a lo que yo me refiero es a otra cosa. Imagina por un momento que das a leer tu libro a todos tus amigos, que bien podrían ser 1500. Tus amigos, como es lógico, están entusiasmados de tener entre sus manos un ejemplar tuyo. Devoran con avidez las 300 páginas en las que su amigo/amiga del alma le ha involucrado (si son sinceros, te deberían decir la verdad, pero les puede más el cariño que te tienen). Así que, tenemos 1500 opiniones fabulosas reseñando tu libro. Pero ahora, ¿qué pasaría si eres de los que sólo tienen 5 amigos (aunque cinco, los mejores)? Esas cinco estrellas no lucirán igual a la vista de quién se guíe por eso a la hora de elegir un libro. Eso se llama prerrogativa de gracia. Recuerdo una feria del libro en la que firmaba un escritor (prefiero no decir nombres). Madre mía la que se lió. La cola era interminable. Lógicamente hablamos de un Best Seller en ventas. Yo ya había leído su libro y he de decir que me gustó. Es verdad que no era su mejor libro (en mi humilde opinión) pero, aún así, era un muy buen trabajo. Mientras esperaba a que la multitud se fuera disolviendo, me perdí entre las demás casetas. Cientos de libros, con sus portadas relucientes se mostraban ante, por desgracia, un escaso público. Me detuve en uno de los puestos. Fue como un flechazo, amor a primera vista. Cinco años después, sigo sin saber por qué. Estaba allí, en medio de otros libros. No era ni el que mejor portada tenía, ni tan siquiera el más voluminoso. No sé si fue la excepción a lo que mis ojos habían visto en los demás libros, portadas en la misma línea, preciosas todas ellas, pero parecidas. Tuve la oportunidad de conversar con su creadora, una mujer entrañable y sencilla, me habría quedado horas hablando con ella. Por supuesto, no hace falta decir que el libro se vino conmigo. De vuelta a casa, deseando leerlo, no pude esperar a llegar. Me encontré con una historia que me atrapó hasta el punto de casi pasarme de estación. Lo tengo guardado con mucho cariño, con la dedicatoria de la autora entre sus páginas. Pude contactar con ella para comentarle mi opinión sobre su libro. Esa cercanía que vi en la persona, la encontré en el libro.

Existen, por supuesto, tantos tipos de lectores como libros, pero yo me quedo con ese amor a primera vista, con ese libro que sin ser el mejor vestido, se muestra tal y como es, ese libro que está deseando contar su historia y desea que alguien se fije en él y que se pierda entre sus páginas; un lector con alma.

Hasta la próxima.

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