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Los colores en la literatura

El invierno ha llegado para quedarse y con él, la nieve. «Filomena» nos está dejando a su paso un temporal de bajas temperaturas y de su parte no tan buena. Ahora mismo, un manto blanco cubre sitios en donde hacía años que no nevaba. 

Los colores, utilizados en la literatura, a menudo tienen un significado simbólico. Los colores denominados cálidos, como por ejemplo el rojo, se asocian con la vida, la pasión o con situación de peligro. El verde es el color asociado con la esperanza, la luz y la naturaleza. El azul es un color frío, es un color que simboliza la tranquilidad. El blanco es el color de la inocencia, y así, cada uno de los colores tienen su significado y provocan un efecto y unas sensaciones diferentes en nosotros.

No hay nada como un chocolate caliente con nubes de caramelo y un buen libro para combatir estos días de frío, lluvia, nieve y tormentas… 

La literatura tiene color. Pintamos historias al igual que podemos pintar un cuadro, con cientos de matices diferentes, abarcando una amplia paleta de colores, suaves, brillantes, mates, primarios, secundarios, terciarios…y así hasta tener posibilidades innumerables, hasta que el círculo cromático se amplíe cada vez más.

Pero el lenguaje no solo tiene color, también olor, tacto, sabor; y aquí se despliega el arte en todas sus vertientes: la literatura puede mezclarse con la arquitectura, la escultura, la música, la gastronomía, la aromaterapia, lo corporal, lo intelectual, lo salvaje, lo divino…¿cuántas obras de arte han salido estas uniones? Infinidad de obras. Los géneros literarios, al igual que los libros tienen también sus colores establecidos, aunque esto puede variar de una editorial a otra: el blanco,  para la poesía y la narrativa realista; el rosa para la novela romántica; el negro para la novela policíaca; el rojo para el género de terror, el amarillo para el humor… 

Y aquí comienza nuestra historia. 

«Ocurrió un viernes, como hoy. El sol peleaba por mostrar un poco de su talento y, por momentos, la luz parecía amenazarnos con su intensidad para luego perderse tras una nube negra. Entonces, ocurrió lo que todos estábamos esperando. La lluvia limpió el aire tras veinte largos minutos de espera dentro de aquel lugar. No podíamos salir sin terminar empapados hasta los huesos y, el ambiente empezaba a enrarecerse. Alguien pronunció unas palabras y las miradas comenzaron a volar como cuchillos bien afiliados, dispuestas a herir de muerte si la situación se ponía fea. 
¿Acaso era una señal? ¿O alguien allí arriba se lo estaba pasando en grande? 

Poco a poco, las nubes se fueron disipando para dejar paso a un sol radiante en un cielo azul, suave y esponjoso. Los ánimos volvieron a relajarse y las miradas se volvieron risueñas y aterciopeladas. ¿Acaso los días son siempre perfectos? Pero después de aquella tormenta algo en mí había cambiado». 
Pensándolo bien, ¿por qué hay que elegir un único color?

…Allí donde las palabras cuentan una historia, donde las historias cobran vida. 

Hasta la próxima. 

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