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Liberia

Leyendo el título, más de uno pensará que voy a debatir sobre el país africano conocido por sus guerras civiles recientes y la epidemia del ébola que lo azotó hace pocos años, pero nada más lejos de la realidad.
Con idéntico nombre que el mencionado país, existe en Granada un Café Pub que levantó su persiana por primera vez allá por al año 1986, según me informa facebook, pues la verdad que las fechas me bailan en mi mente fruto de muchos vaivenes fiesteros pasados en dicho lugar. En concreto, en calle Duquesa, 8, Bajo, tienen su casa, como se suele decir.
Las entradas al mismo no invitan precisamente a acceder a él. Como he reflejado en la dirección, se encuentra en un bajo el cual tiene entrada por las dos calles, paralelas entre sí, que lo limitan. Da igual que elijas una u otra que lo que te encuentras para descender al sitio es una empinada escalera, descendente si entras, aún más empinada hacia arriba si sales. Seguro que si algún día la incluyeran en una etapa de la Vuelta ciclista a España daría más abandonos que los Lagos de Enol de Covadonga. Tan real como la vida misma es que, si acojona la vista desde arriba a la llegada, en más de una ocasión, la salida ha supuesto el retorno al interior del usuario para aprovisionarse la “penúltima” que sume fuerzas en el envite de afrontar la escalada una vez valorada desde su base. Y en no pocas otras ocasiones, una vez iniciada la ascensión a la cima callejera, un mal traspiés ha acabado, cual bola de “bowling”, con el sujeto en cuestión haciendo el recorrido a la inversa, rebotando en cada escalón, hasta volver a la casilla de salida.
Quitando este riesgo anterior, casi anecdótico, todos estos años de servicio público nocturno, a veces crepuscular cuando llegamos a la hora de apertura, han colocado al pub en alta estima entre los que somos antiguos clientes y gente más joven de nueva hornada. Allí puedes degustar diversos tipos de café, infusiones, cervezas, refrescos y gran variedad de bebidas espirituales mientras te relajas con diferentes estilos de música (rock, blues, jazz, pop, heavy, soul y muchas más) a un volumen “disfrutón”, como me gusta decir cuando se escucha para gozarla sin dejar sordo al vecino, que tranquilamente puede mantener una conversación sin gritos ni aspavientos. A ese ambiente distendido se le suman las posibilidades de ocio que ofrecen juegos de mesa como las cuatro en rayas, el parchís, cartas, ajedrez, o alguno de pago tipo futbolín, billar americano, diana de dardos o pinball, todos ellos practicados en nuestra juventud y que tantas “enseñanzas” nos dieron.
También es frecuente en nuestro Liberia poder asistir a actividades tan dispares y llamativas como conciertos en directo, ya sea de grupos o solistas, presentaciones de libros o debates populares sobre temas diversos, lo cual completa una oferta variada en un sitio atractivo que no nos deja de atraer, aunque sea muy de tarde en tarde.
Si a todo ello le añades la mezcla de edades en armónica convivencia más la simpatía y ganas de agradar de quienes normalmente están al frente, el cóctel resultante es difícil de rechazar cada vez que se oye, por parte de algún conocido, la manida frase: “¿un Liberia?”. Sabemos, quienes tenemos que saberlo, que es una apuesta segura de colegueo, amistad, buena música y muchas risas, en este oasis de pub que sobrevive en medio del desparrame reguetonero y electrónico insufrible que hoy predomina en nuestras ciudades.
No espere el visitante una decoración impactante y muchos menos moderna. A mi entender, así lleva sus 34 años de vida y eso es precisamente lo que muchos buscamos, su atmósfera inigualable. En más de una ocasión, sobre todo una vez avanzada la alegría de un nuevo encuentro con varias rondas servidas, hemos especulado con las reformas que le haríamos al local intentando mantener su esencia. Tras desvaríos diversos, y mil y una propuestas, siempre terminamos coincidiendo en que retocar su aspecto de siempre sería perder su propia identidad, esa por la que nos sentimos atraídos y que nos hace estar tan cómodos.
Es un lugar de luz cálida, algo añejo en colores de paredes y mobiliario, de mesas de mármol y sillas de tubo metálico, plafones sobre el billar que dan un ambiente singular a cada partida, un equipo de música de los que aún mantienen la pletina desconocida por la mayoría de menores de 30. Los servicios son clásicos, de los de siempre: al fondo a la izquierda, puerta estrecha que da a un pasillo aún más estrecho, con sendos accesos separados por sexos, todo sin ningún derroche de luz ni espacio. Precisamente, en el minúsculo apartado masculino que me corresponde, se encuentra una pegatina bien visible que es toda una declaración de intenciones de la ironía, humor, talante e idiosincrasia que se gastan en este antro tan querido por mí y mis Colegas de Siempre. En ella reza el siguiente mensaje: “Acércate más a la taza, aunque no te lo creas, no la tienes tan grande”. Ahí se los dejo para que el que desee vaya a leerlo personalmente y, ya de paso, saboree un ron Montero de Motril que remate la faena. Para mí con cola.
Acompaño esta columna de una imagen que han publicado ellos mismos en facebook y que supuso una tremenda alegría, pues en todo este tiempo temimos lo peor.
Siempre Liberia. Si no existiera, tendríamos que inventarlo. Pero, a poder ser, a ras de calle.

¡Salud y rocanrol!

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