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El armario mágico

Estos días están siendo complicados en nuestras casas, sobre todo con nuestros hijos. Deberes, trabajo, tareas del hogar, entretenimiento, descanso… Si tenéis la suerte de vivir en una casa con patio, es un desahogo, pero la mayoría vivimos en un piso de no demasiados metros cuadrados, por lo que estamos metidos todo el santo día entre cuatro paredes. Las habitaciones se convierten en nuestro pequeño rincón, sólo nuestro, un oasis en medio del desierto, un lugar donde desconectar del día a día. 

Especialmente en estos momentos en los que no podemos salir, ¿a quién no le hubiese gustado tener un armario mágico? Pues bien, nuestro protagonista de hoy, Quique, tiene uno en su habitación, o eso es lo que dice él:

«Quique era un niño muy despierto, pero bastante pillo. Su madre estaba cansada de decirle que ordenara su cuarto y que no lo dejara todo tirado por ahí, de cualquier manera. Por las mañanas dejaba la cama sin hacer, los juguetes estaban tirados por toda la habitación, la ropa de los armarios estaba revuelta y los cajones a medio cerrar. Todo era un desastre.

Cuando llegaba del colegio dejaba la mochila tirada en cualquier sitio. Una vez su madre llevaba una tarta en las manos, tropezó con la mochila y la tarta salió volando hasta aterrizar sobre la cabeza de su padre, que estaba leyendo un libro. A Quique le pareció muy divertido y no paraba de reírse, cosa que enfadó mucho a sus padres. Así que decidieron darle un escarmiento.

Todas las tardes, después de hacer los deberes, Quique se daba una vuelta con su bicicleta por el jardín hasta que su madre lo llamaba para cenar. Una de esas tardes llegó corriendo a la cocina, donde su madre preparaba la cena.

—Mamá, mamá, no encuentro mi bicicleta —dijo muy preocupado.

—Quique, ¿has buscado bien? —preguntó su madre, haciéndose la sorprendida.

—Sí, mamá, he mirado bien.

Pero la bicicleta no apareció. ¿Qué iba a hacer ahora después de los deberes? Se moriría de aburrimiento.

Y así, poco a poco, fueron desapareciendo todos los juguetes y los entretenimientos hasta que no quedó nada con qué pasar el tiempo.

—¡Qué aburrimiento! —se quejó Quique.

Su madre, muy seria, lo animó a ordenar su cuarto de forma divertida, pero Quique no estaba muy convencido. Se fue a su habitación con la intención de ordenarlo todo como le había dicho su madre, pero enseguida le distrajo otra cosa más interesante y la tarea quedó sin acabar. Cuando se dio cuenta de lo tarde que era, cogió todas las cosas de la habitación y las metió apretujadas dentro del armario. Tendría suerte si no explotaba.

Su madre, al ver todo recogido, se alegró de que su hijo hubiese aprendido la lección.

—Mira mamá, me lo he pasado muy bien jugando al armario mágico. Cada vez que ordenaba una cosa, me metía dentro de él y viajaba a otros lugares. Ha sido muy divertido.

—¿Ves Quique cómo el organizar tu cuarto no tiene por qué ser aburrido? Mira, se te ha olvidado guardar la chaqueta. Ya la guardo yo—sonrió la madre, orgullosa de su hijo.

—No… mamá… ya la guardo yo…

Al abrir la puerta del armario, todo se precipitó encima de la mujer  que quedó sepultada bajo una montaña de ropa y juguetes.

—¡Quiqueee!

Como castigo, Quique estuvo limpiando el jardín de todas las casas del vecindario durante un mes y ordenaba su cuarto todas las tardes, antes de la cena.

¿Habría aprendido la lección? Seguro que sí».

Fin.

Que no nos pase lo que a Quique. Seamos ordenados para que la convivencia sea más llevadera. Hasta la próxima.

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