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Crónicas de la primera fundación de Buenos Aires (V)

<p><strong>VIAJE Y MEDICINA</strong></p>
<p> La ciudad ya no cumpl&iacute;a su funci&oacute;n vital de reunir historias de vida y combinarlas todas para dar por resultado una sociedad. Fue transici&oacute;n, fue futuro, evolucion&oacute; y volvi&oacute; a ser, ahora &eacute;l mira su ciudad, desconcertado, no halla su vecindario. La gente anda de apuros en las calles, donde un d&iacute;a fueron para disfrutar hoy s&oacute;lo son llanto y penumbra. Los desechos han desaparecido, pero la monoton&iacute;a reina, aut&oacute;matas y humanos conviven unos con otros sin darse mera cuenta del transcurso del tiempo. &Eacute;l mir&oacute; su reloj, parec&iacute;a inveros&iacute;mil pero las agujas se mov&iacute;an en sentido contrario, a dicha observaci&oacute;n un aut&oacute;mata da sus primeros pasos hacia &eacute;l, el discernimiento era un factor clave en este encuentro, ha de faltar tal porque el hombre es apresado y llevado a la c&aacute;rcel, s&oacute;lo por mirar su reloj. </p>
<p>No quiso mostrar su furia, esta clase de excentricidades pod&iacute;an haber sido cruelmente penadas, trat&oacute; de disimular en su refugio, oscuridad y a la vez inmensidad para simular libertad, su celda ten&iacute;a todos estos elementos, durante la noche era oscuridad, durante el d&iacute;a, bruma, &eacute;l caminaba y pod&iacute;a hacerlo de tantas formas como le fuera posible pero jam&aacute;s encontraba destino, fue extra&ntilde;a la situaci&oacute;n de autoabastecimiento que padec&iacute;a, no sufr&iacute;a de hambre ni de sed, ni de fr&iacute;o ni de calor, esa sensaci&oacute;n era lo que m&aacute;s lo alarmaba, sus gritos siempre fueron in&uacute;tiles, la ciudad estaba muy lejos, &eacute;l en soledad, se preguntaba por los dem&aacute;s apresados, la sangre se disimulaba con la desconexi&oacute;n, la brutalidad fue dejada de lado. Vagaba sin saber a d&oacute;nde ir, sent&iacute;a que lo observaban, que clamaban por &eacute;l, en un momento parec&iacute;a escuchar sus voces, llantos, diferencias, peleas, enojos y por azar oy&oacute; una resoluci&oacute;n, de all&iacute; en m&aacute;s, silencio anegamiento del pensamiento, el autoabastecimiento ces&oacute;, padeci&oacute;, falleci&oacute;. Mucho despu&eacute;s de esto se debat&iacute;a la curaci&oacute;n para su enfermedad, hoy se hall&oacute;, tarde para remediar el pasado que lo conden&oacute; de manera fortuita. </p>
<p>La cama que ocupaba qued&oacute; vac&iacute;a, pronto otro paciente la ocup&oacute;, el doctor ha vuelto a advertirnos que nos retiremos, la decisi&oacute;n ha sido tomada, &eacute;l ha perecido. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RULETA RUSA </strong></p>
<p>Uno, fue un chasquido sobre mi sien. </p>
<p>Yo temblaba, yo, la muerte, dando objeto a siniestro hombre oscuro. Dos, fue un chasquido sobre su sien. </p>
<p>La mesa era pura inmensidad, relatar el trayecto del objeto desde &eacute;l hacia mi se hac&iacute;a una Biblia de ideas, mesa redonda, madera de poco lustre, arrastr&oacute; su mano, ahora &eacute;l, muerte d&aacute;ndome objeto. Tres, mi dedo era agua, pens&eacute; en aquellas cosas que no hab&iacute;a podido hacer porque no me ha dado el tiempo, s&oacute;lo dej&eacute; de pensar por un instante y efectu&eacute; la maniobra, fue un chasquido sobre mi sien. </p>
<p>Deje caer el objeto al suelo, pronto la muchedumbre la hizo propia, ellos, muerte, dando objeto con bestial fatalidad a hombre oscuro de sombrero negro. Lo tom&oacute; entre sus manos, temblaba, ped&iacute;a &eacute;l por su vida, yo por la m&iacute;a, sordos, imp&iacute;os, buitres eran nuestros espectadores. Cuatro, fue un chasquido sobre su sien. </p>
<p>Dej&oacute; el objeto en el centro de la mesa, el cinco nunca fue mi n&uacute;mero de suerte pero me tentaba su propiedad, mis brazos se hicieron tan cortos que no pude alcanzarlo, fui de a poco encorv&aacute;ndome para hacer posesi&oacute;n, nunca llegaba, pero al fin un empuj&oacute;n hizo lo propio a cuestas de mi organismo. Lo tom&eacute;, pesaba como cien kilos en ese momento, cost&oacute; elevarlo, pero al fin lleg&oacute;. Cinco, fue un chasquido sobre mi sien. </p>
<p>Extend&iacute;a mi brazo con tragedia hacia su brazo que esperaba en el centro, los espectadores estaban delirantes, el piso era una lluvia de billetes sin sentido, quien controlaba tama&ntilde;a juerga se hart&oacute; los bolsillos, se sent&oacute; junto a nuestra mesa, el hombre no tomaba el objeto, entonces el se lo acerc&oacute; al ritmo de una amenaza, &eacute;l, muerte, puso el arma sobre la sien del hombre, el otro cerr&oacute; los ojos, pareci&oacute; chillar en un momento. Seis, fue un chasquido sobre su sien. </p>
<p>Los buitres re&iacute;an, beb&iacute;an, hac&iacute;an exclamaciones, muchos echaban espuma por sus bocas, la muerte me acerc&oacute; el objeto, pregunt&oacute; si lo har&iacute;a o si tendr&iacute;a &eacute;l que rematar, yo asent&iacute; con la cabeza. Y all&iacute; me encontraba, como cuando la vida se hizo luz, cincuenta por ciento de chances de ser, cincuenta de no ser. Fue la acci&oacute;n m&aacute;s confusa de mi vida, aturdido por la confusi&oacute;n, sub&iacute; en un instante el objeto. Siete, fue un chasquido sobre mi sien. </p>
<p>En ese momento mi alegr&iacute;a fue tal que no pude representarla, se abrazaban conmigo los triunfadores de la apuesta, los perdedores ya se retiraban, s&oacute;lo pocos se quedaban a ver el espect&aacute;culo macabro, una bala, el objeto, la mesa, la acci&oacute;n, el juez, la v&iacute;ctima y yo. S&oacute;lo nosotros &eacute;ramos part&iacute;cipes de la acci&oacute;n, los dem&aacute;s eran agitadores. El juez extendi&oacute; el arma, el hombre la agarr&oacute;, vi sus ojos de desesperaci&oacute;n, sus hijas aguardaban fuera y en un momento el ir y venir del gent&iacute;o las hizo entrar, contemplar&iacute;an el caer de su padre, vi sus ojos llorosos, sollozos por doquier, no llov&iacute;a pero lo imitaba aquel antro, sin aludir a reflejos del otro, tom&eacute; el objeto de la mesa, yo muerte. Ocho, fueron miles de chasquidos sobre mi sien. </p>

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